#EI Frankestein desatado

La extraña conducta de EI, un monstruo de Frankestein desatado

Existe un aforismo, que se adjudica a la sabiduría de los chinos, según el cual una piedra arrojada al mar en un país tiene efecto en otro ubicado en sus antípodas: es una forma de explicar lo que hoy llamaríamos interacción y se aplica a la reciente ola de atentados y ataques armados de Estado Islámico (EI) en París y otras latitudes.

Tras la efectiva ofensiva de la aviación rusa contra las posiciones EI en Siria, es evidente que esa franquicia se encuentra en una posición que recomienda hacer demostraciones de fuerza espectaculares so pena de verse liquidada como factor político sobre todo en Levante.

La ola de análisis, despachos, opiniones y reuniones de mandatarios y altos funcionarios desatadas por esas acciones violentas en general pasan por alto que esas operaciones con visos de desesperación eran de esperar pues, tras su implantación en la ciudad libia de Derna, voceros de la agrupación armada islamista advirtieron que sus próximos blancos serían los países europeos.

Avisos en ese sentido fueron los ataques, a principios de este año al museo de El Bardo, en Túnez, país de lazos muy estrechos y de dependencia económica con Europa, donde acababa de perder las elecciones el partido An Nahda, de tendencia islamista, y, en enero anterior, el asesinato en la capital francesa de 12 colaboradores del semanario satírico francés Charlie Hebdo.

Sin pasar por alto el ataque contra el maratón de Boston, a fines de 2013 y, por supuesto, a principios de este siglo la destrucción de las Torres Gemelas, en Nueva York, reivindicada por la red extremista Al Qaeda, de Osama Bin Laden, de cuyo nacimiento fue partera la Agencia Central de Inteligencia estadounidense.

Los antecedentes de Daesh (siglas en árabe de EI) se remontan al norte de Iraq y a los días posteriores a la derrota de las fuerzas de ese país en la operación Tormenta del Desierto, a principios de la década de los años 90 del siglo pasado, escalón en la estrategia de Washington para derrocar al presidente Saddam Hussein con el pretexto de la posesión de armas de destrucción masiva.

Vale recordar que después de la retirada de Kuwait de las tropas iraquíes Estados Unidos y Gran Bretaña decretaron una zona de exclusión aérea sobre el norte iraquí argumentada en la necesidad de proteger a la minoría kurda residente en esa zona en la cual, no por casualidad, están los más importantes yacimientos de petróleo del país.

Fue en el norte iraquí donde primero se mencionó la idea de crear un califato que abarcara a todo el mundo árabe el cual sería regido por una interpretación sesgada del Islam elaborada con una mezcla de interpretaciones que han sido desmentidas por académicos tanto sunitas como chiitas, las dos principales escuelas de pensamiento de esa confesión.

En ningún momento la naciente fuerza de EI fue objeto de críticas y, mucho menos, de ataques de las fuerzas de la coalición internacional que participaron en la invasión y ocupación de Iraq, las cuales guardaron un silencio cómplice con las acciones violentas de ese embrión.

Por ironías de la historia, años después se repetiría la secuencia de la creación de la red Al Qaeda en Afganistán y sus ulteriores ataques a las fuerzas aliadas en Iraq y a las torres gemelas.

Podría pensarse que la tolerancia de Washington y sus aliados atlánticos estuvo basada en la premisa según la cual el enemigo de mi enemigo es mi amigo: de ser el caso, el análisis resultó equivocado y las consecuencias desastrosas.

Concluir que existe una coordinación explícita entre EI y las potencias occidentales sería festinado y carente de seriedad dada la falta de elementos responsables, al menos de conocimiento público, aunque algún sustento debe haber dadas las recientes declaraciones del presidente ruso, Vladimir Putin, según las cuales existen 40 países que financian y apoyan con medios a EI.

Junto a esas afirmaciones del mandatario resulta innegable que existen hechos que llevan a preguntarse hasta dónde existió una permisividad interesada que permitió a los islamistas devenir un monstruo del doctor Frankestein cuya manifestación más tangible son los recientes atentados en la Ciudad Luz y semanas atrás contra un avión comercial ruso en la península de Sinaí, Egipto.

Sinj embargo, hay hechos que llaman la atención, entre ellos que a principios de febrero de este año fuerzas de EI quemaron vivo al piloto militar jordano Maaz al Kasasbeh, cuyo caza había sido derribado días antes cuando cumplía una misión en Siria y la respuesta del Reino Hachemita no se hizo esperar en la forma de bombardeos masivos contra posiciones de EI en Siria, que por razones sin explicar ni habían ocurrido antes, ni se repitieron.

Una situación similar ocurre ahora con los bombardeos masivos de la aviación francesa contra la ciudad de Ar Raqqa, tenida desde hace tiempo por la capital de Daesh en Siria.

Resulta difícil creer que los servicios de inteligencia de las fuerzas armadas francesas, integradas en la coalición multinacional creada por Estados Unidos para erradicar a EI no estuvieran al tanto de la importancia de esa localidad, donde fueron bombardeados decenas de camiones cisterna cargados de petróleo.

La venta de crudo extraído de los campos sirios, libios e iraquíes es uno de los medios de financiamiento de esa agrupación armada, junto a la venta de armas en el mercado negro y la organización de viajes de indocumentados hacia Europa, entre otros, aun por conocer.

Esas travesías de ilegales asimismo sirven para enviar a Europa elementos que son los detonantes de acciones violentas como las ocurridas en París y, no debe descartarse, otras en preparación que pueden ocurrir en la misma medida que disminuya la influencia territorial sobre todo en Iraq y Siria, como es de esperar.

Una pregunta inmediata es ¿Por qué nunca antes los cazas galos atacaron esa ciudad si se supone que participan en una campaña para erradicar a esa agrupación islamista?

Otra interrogante ¿Se repetirán las incursiones de la aviación de combate francesa contra ese centro neurálgico de los islamistas o los ataques de esta semana son un gesto para el auditorio interno, estremecido por los atentados en París que dejaron más de 150 muertos y casi el triple de heridos?

En el plano de las conjeturas llama la atención que nunca antes EI, cuya acometividad, disposición y capacidad para atentados suicidas son notorios, haya organizado siquiera una acción desesperada contra las tropas de Israel que ocupan Gaza, Cisjordania y, en especial, Jerusalén, Al Quds para los musulmanes.

Por el contrario el verano de 2014, cuando Israel lanzó su agresión contra Gaza que costó la vida a casi dos mil 200 civiles y heridas a una cifra superior a los 11 mil 500, Daesh organizó una campaña de atentados dinamiteros en Iraq que costó la vida a cientos de personas.

A esa convergencia, por llamarla de alguna forma, se suma que el resultado más visible de la cadena de explosiones en Iraq fue desviar la atención de los casi dos meses de agresión de Tel Aviv contra la franja palestina.

Y, en política, no existen las casualidades, ni siquiera cuando se trate de un monstruo sub humano cuyos órganos vitales tienen demasiados vaso comunicantes.

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Publicado el noviembre 19, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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